viernes, 2 de febrero de 2018

GIRO 26 PRESENTE

Vivo en tres lugares. Hasta hace muy poco tiempo me había dicho lo contrario: que en realidad no vivo en ninguna parte, que soy un eterno exiliado, que ni de aquí ni de allá, o, como dicen algunos, que vivo en una maleta. En este preciso momento, sin embargo, me gusta admitir que vivo al mismo tiempo en tres lugares distintos y lejanos. En cada uno de ellos, me esperan, me despiden, me disfrutan o me soportan mis más cercanos amigos y familiares. Están aquí, ahí y allá mis libros con mis anotaciones, mis poemitas perdidos en hojas sueltas, mis cuadernos, mis diplomas, mi ropa nunca olvidada y mis fotografías.
           Cada sitio, por supuesto, busca echarme sus celosas amarras, el encantamiento de sus virtudes o la revelación profana de sus calamidades, pero, lejos de sucumbir a las márgenes absolutas, lejos de la jactancia o el lamento domocéntricos, rompo la cuarta pared de las representaciones abominables y cruzo de un lado a otro con una sencilla y humilde realidad en la mano: vivo en tres lugares distintos y lejanos.
           Descifro los retablos de oro y las grandes ramas de la selva, me miran las grotescas gárgolas y las colinas con sus infantiles tejados, me disperso en la montaña nevada, en los castillos y en la urbe aglomerada por igual y siempre al mismo tiempo.


miércoles, 17 de enero de 2018

GIRO 24 PROMOCIÓN DE LA LECTURA

Los lectores, los verdaderos lectores, esos que nunca se cansan de leer y piden más, aunque les ardan los ojos, que hablan de los libros ya leídos como unos locos mirando al vacío y haciendo figuras con las manos, esos lectores saben muy bien que los poemas, los cuentos o las novelas no sirven para casi nada.

jueves, 30 de enero de 2014

GIRO 22 LAS FOTOS EN EL FUTURO

Me arrepiento de haberme juzgado viejo en aquellas fotos remotas, cuando más bien lucía hermoso, fuerte y decidido. Ahora, al cabo del tiempo, lo sé. Pero, de todos modos, vuelvo a juzgarme malamente en mis fotos actuales.
Me espanta el futuro consolador que convertirá rozagante, sabio y vigoroso a este pasado en el que vivo. 
Mi gran deseo sería poder decir “qué jodido estaba”, “mira qué mal me veía”, “estaba gordo”, “qué viejo”. Pero eso sería hacer del desenlace el principio, irse alejando de la tumba conforme pasan las noches o hacer del presente una profecía que nunca se cumple.





lunes, 25 de noviembre de 2013

GIRO 21 INTROVERSIÓN

Se guardó tanto de no decir sus pensamientos y de pronto descubrió que el mundo los decía como genialidades. De fuente del saber pasó a sucedáneo, de sabio a discípulo, de mago a aprendiz, de jefe a empleado, de original a copia... Así es el silencio traidor.




martes, 9 de abril de 2013

GIRO 20 LEER

Leí todo cuanto estuvo en mis manos; obedecí a los que me dijeron vive y casi todos los términos los he cumplido. Tan grande es ya mi pasado que los libros empiezan a dolerme, avientan groseramente a mi alma. ¡Infames! Que lea quien tiene sitio vacío, el insatisfecho, el perdido; yo avanzaré con pueriles y futiles pasos hasta sentir nuevamente que todo me hace falta.
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viernes, 22 de febrero de 2013

lunes, 4 de febrero de 2013

GIRO 18 LA EMPATÍA

Sé empático; pero no me pises los pies.
La empatía es un acto de magia.
El empático anda por ahí robandole el lugar a otros.
Me atropelló uno muy empático.
Fui empático, sentí lo que sentías y me odié inmediatamente.
Íncubo, súcubo.
Copión

miércoles, 14 de noviembre de 2012

GIRO 16 NO LA NOCHE

No la noche, no; la mañana –en la noche la embriaguez, el dolor de muelas, el frenesí ridículo; en la mañana la verdad a plomo, el filo del rebelde, los nervios de la ausencia, el sonsacado escalofrío–, sí, toda la mañana, así, abrazados.

sábado, 18 de agosto de 2012

Giro 15 EL OTRO


Ese de las fotos no soy yo; no puede avergonzarme su silueta exagerada, ni su gesto ridículo. Se rumoran cosas con mi nombre, lo sé, pero esas historias ya no me pertenecen. Un chorro de alcohol le rompió una nariz, ahí está la foto y por ahí se escucha el cuento, pobre, ¿qué le puedo decir a ese otro que ya no soy?: ya tendrás otra nariz, siempre crece una nueva en cada escena. Ya dejé de ser ese que ves o que viste con mi figura. Sólo yo sigo sabiendo de esta fuente que me reproduce.

domingo, 17 de junio de 2012

Giro 14 EL TUERTO ENTRE LOS CIEGOS

Había una vez un tuerto que entre los ciegos no quiso ser el rey. Era el súbdito que mejor vida llevaba. Nunca despertó envidia alguna porque nadie nunca pudo ver sus saltos de felicidad y las ventajas de mirar por un ojo. Un día, dijo a todos que era tuerto pero nadie le creyó. Era tan afortunado que hasta un rey ciego tenía a su servicio, pero era imposible que el pueblo pudiera imaginárselo siquiera.

sábado, 3 de marzo de 2012

GIRO 11 UNA TRAICIÓN Y SU VENGANZA

Dejaron de ser amigos el día en que él la traicionó haciéndola su novia; luego ella cobró su venganza haciéndolo su esposo.

martes, 14 de febrero de 2012

GIRO 10 EL QUE NO VIVE PARA SERVIR ¿NO SIRVE PARA VIVIR?





Ante el postulado cristiano que versa “el que no vive para servir no sirve para vivir”, que se refiere a la disposición del hombre para ayudar al prójimo, me surge, inevitablemente, una pregunta: ¿yo vivo para servir? A esta primera pregunta le sigue otra, que lejos de ser apelativa es catártica y me pone de golpe una gota fría en la nuca: ¿yo sirvo de algo? Sobre este último cuestionamiento vale la pena preguntarse ¿quien establece si alguien sirve o no? ¿El cura?, ¿el obispo?, ¿el pastor?, ¿el anciano? ¿la Iglesia?... Si la frase surge del cristianismo podemos argüir de inmediato que la medida de todas nuestras acciones, desde las que corresponden al servicio por antonomasia hasta las consideradas terriblemente ociosas, como escuchar música, bailar, patinar, reunirse con los amigos, pasar el sábado en el campo mirando las nubes (esto, en mis tiempos) o chatear, navegar por Internet, etc. tienen como eje el amor y, por lo tanto –siendo más profundos– se sustentan en Cristo.
La segunda parte de la frase, la contundente, la que pretende mover al lector: “no sirve para vivir” cobra su efecto en el cambio semántico del verbo servir. De la acepción del servicio (‘obsequiar a alguien o hacer algo en su favor, beneficio o utilidad’) se pasa a la de la utilidad (‘provecho, conveniencia, interés o fruto que se saca de algo’). Ante este juego de palabras, interpretado de la manera que sea, uno no puede hacer otra cosa que sentir un miedo terrible, porque si no servimos (si no ayudamos o si no somos útiles) al prójimo, a nosotros mismos como individuos, al vecino, al que lo pida, y, aquí el espanto, a los ojos del hermano, del amigo, de la madre, del padre, del jefe o de la Iglesia, entonces, ¿debemos dejar de vivir? Las prostitutas, los indigentes, los lisiados, los enfermos, los viejitos, los niños de la calle, los pobres, los borrachitos ¿sirven? 
Casi todos, a lo largo de nuestra vida, hemos sabido qué significa ayudar a los demás y ser ayudado. Y claro que a veces ante una indiferencia de alguien a nuestras necesidades hemos pensado que ese quien nos negó la ayuda no merece lo que tiene.
El amor, que no el enamoramiento, sin embargo, no mata ni desea el mal, esto también lo sabemos casi todos, aunque no seamos cristianos, y el amor predicado por Cristo nunca pretenderá la discriminación del que vive sin poder cargar un peso que otro sí puede. Es decir, sirve para vivir todo aquél que tenga vida, y Dios no le ha puesto ninguna condición para hacerlo.
¿Quién nos podría decir qué hombre sirve para vivir y qué hombre no sirve? Es atroz pensar que alguien limitado se convierta en nuestro juez. Pensarlo pone en riesgo mi seguridad y aumenta, al grado de fuego fulminante, el sentimiento de culpa por haber vivido sin permiso por no servir / ser útil, y me hace sentirme amenazado de caer en las garras del verdugo del servicio. La frase en cuestión, en pocas palabras, es un peso innecesario para los buenos hijos de Dios –seguramente ha llegado a nosotros movida por la inercia de la Inquisición. ¡Qué miedo!
¿Qué quiere Dios de nosotros? ¿Cuál es el fin del hombre en este mundo? ¿Para qué vivir?
Jesús resucitó, por lo tanto, tal como estuvo entre sus discípulos y de la misma forma sigue presente entre nosotros. ¡Imagínate! podemos platicar con él y pedirle un milagro; él nos ha de ayudar y de amar como siempre, en otras palabras, en una realidad aristotélica, Jesús existe, Jesús es y está y lo único que pide es que nos amemos los unos a los otros como él nos ha amado (Jn 15, 9-17). Por otro lado, somos hijos de Dios, por lo tanto, potencialmente somos mucho. Entonces, si Jesús está vivo y somos hijos de Dios, ¿qué estamos haciendo aquí, nosotros, consentidos del universo?, ¿qué nos debe preocupar?
Una respuesta repetida es que tenemos como fin el ser felices, pero ¿por qué buscamos ser felices cuando, como humanidad creada por Dios, tenemos todo para serlo? El fin del hombre no es la felicidad; la felicidad, por el contrario, es un principio. La búsqueda de la felicidad es una búsqueda necia y es la que ha puesto los extremos entre la ayuda cotidiana, eficaz, trascendente y sin aspavientos y el egoísmo justificado con filosofías rebuscadas aparentemente inteligentes, pero que por el simple hecho de defender lo que no se da, no pueden nunca llegar a trascender ni a procurar el bien de nadie.
Los hijos de Dios tienen como único fin amar a su familia que se conforma por la humanidad y por su Creador en la relación eterna que los emparenta que es la vida. El fin del hombre, pues, es vivir amorosamente en su familia divina.
Claro que todos podemos ejercer libremente nuestro don de amar. La libertad implica necesariamente la plenitud. La libertad es saber que podemos alejarnos por nuestros propios medios de la pena, la tristeza, la amargura, la soledad, la injuria o el odio para luego poder poner en acto la potencia que Dios ha depositado en nosotros. El amor es la dirección postal de nuestra casa divina y la libertad es el vehículo para llegar a ella. En la medida que practicamos el amor y la libertad nos confirmamos hijos de Dios. Por eso, Dios no quiere sacrificios ni pesos extras en esta nuestra vida. No quiere que tengas la obligación de servir, incluso no se impone él mismo como una obligación. El ser de Dios y estar con Dios es como estar sentado en el sofá, en medio de la tranquilidad de la casa y con las cuentas pagadas. Sabiéndonos así, no hay más que amar a nuestra dichosa familia, y en consecuencia, la ayuda o el servicio no es esa Ayuda o ese Servicio que se pretenden escribir con mayúsculas por las instituciones manipuladoras, sino un acto reflejo aprendido de nuestros progenitores (o de quien haya visto por nosotros), incluso en algunas personas perfeccionado hasta poder dar la vida por el otro. Casi todos ayudamos, pero no siempre a los ojos de todos los demás, y mucho menos a los ojos de los curas a los que les preocupa principalmente que les demos nuestro dinero. Lo que nos toca a los que sabemos amar no es, sin duda, inventar frases terribles para manipular a los inocentes, sino hacer ver que la vida no debe arruinarse con las obsesiones de los defensores de su fe (llámense cristianos –católicos, ortodoxos o protestantes–, musulmanes, ateos, literatos, artistoides, hinchas y un largo, etc. de forofos) que hasta guerras hacen para decir que ellos llevan la razón y que son capaces de matar por creer que alguien no sirve para vivir.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Giro 9 GRACIAS


Las mujeres y los hombres bellos, indiscutiblemente bellos, terriblemente bellos son por naturaleza malos; pero el dolor que siente una persona normal (ni bella, ni indiscutible, ni terrible) a causa de tal maldad, se diluye en el agradecimiento de haber tenido algo que ver con semejante belleza humana.


viernes, 3 de febrero de 2012

jueves, 26 de enero de 2012

martes, 24 de enero de 2012

Giro 6 LA FASE DEL NO

Cuando los niños cumplen tres años los padres entran en la fase del no. Dicen que no en cualquier circunstancia y a todo cuanto se les pregunta, aunque quieran decir que sí.

martes, 17 de enero de 2012

Giro 3 EL VASO MEDIO VACÍO

Decir que el vaso está medio lleno es partir de un sueño, en efecto, y deja la conciencia de los vecinos tranquila; pero no es el auténtico reclamo de la realidad que exige lo que se tuvo: un vaso lleno. Por eso, ver el vaso medio vacío entraña la más profunda esperanza y una auténtica valoración de lo que se necesita, se quiere y se merece, a diferencia del que lo ve medio lleno, que simplemente hace notar su optimismo inútil.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Giro 2 APROVECHAR LAS OPORTUNIDADES

He aprovechado todas las oportunidades que me ha dado la vida, por eso no he hecho lo que realmente he querido.

sábado, 29 de mayo de 2010

Giro 1 ¿Y LOS SABIOS?

La imaginación nos hace inconformes,
la memoria nos vuelve nostálgicos,
la experiencia nos deja frustrados y la razón,
cuando usamos a fondo la razón,
nos revela ridículos.
Óscar de la Borbolla



Saber que se sabe nos conduce a la sabiduría. Saber que no se sabe nos muestra la ignorancia, pero también la sabiduría. Lo terrible es creer que se sabe y no saber nada.
Esto último es algo catastrófico (quien así procede podría ser definido con una palabra malsonante ad hoc). Sin embargo, dos o tres, de cuatro, andan con el escudo de petulancia sapiencial defendiéndose de los ataques que la realidad asesta a sus enclenques argumentos. Hacen que saben aunque no saben nada y cuando los descubren se defienden cual gatos boca arriba (mil disculpas a los gatos) hasta cansar a los que no entienden y demostrarles a los que saben, porque hay quien sí sabe, que son necios (ne scire: 'no saber') .
¿No sería mejor entregarnos por vocación a la duda, a ese vaivén entre lo que se sabe y lo que puede saberse, entre lo que se conoce y lo que se desconoce?
Basten dos preguntas para lanzarnos a la reflexión: ¿sabes todo? y ¿de lo que sabes, lo sabes todo?
Si alguno responde afirmativamente habrá que darle un voto de confianza, hasta que demuestre lo contrario, claro. Si alguno declara que sabe algo de algo, propongo para él un voto de confianza sin sometimientos.
En esta reflexión del saber cabe, por supuesto, lo que cada uno, desde su perspectiva, concluye. Así, por ejemplo, en un poema Benedetti define la libertad como sinónimo de muerte y la patria como sinónimo de tumba. ¿Le podemos negar este saber a “Un hombre preso que mira a su hijo al pasar”? Creo que no; pero en todo caso debemos entender que una conclusión individual, por muy avalada que esté por el contexto, no es una conclusión de todos.
Del creer que se sabe y no saber, sumado a la imposición a otros de lo que se piensa individualmente, insisto, imposición y no invitación, no se puede concluir más que el terror. Imaginar que vivimos entre los que imponen, se defienden, se matan desde su sinrazón no puede traernos a nuestro espíritu más que el espanto. Vivir entre la insistencia del “así debe ser” de los pequeños fiulercitos, pinochetitos, satalinitos, franquitos, hugitos, fidelitos o de los, para decirlo de manera simple, guardianes del orden incomprensible, no nos deja otro camino más que el de la defensa de la duda y el anhelo de la tolerancia.
Pero aterricemos en el contexto que nos concede el conocimiento con base en algunas conclusiones propias, que no intento sean para todos: la escuela en donde nos formamos y nos informamos.
En la escuela, digo en cualquier escuela, comprender es un oficio triste* . Comprender que la calificación, por demás subjetiva, se vuelve el aval para hablar de la inteligencia; comprender que lo espiritual e intelectual, se abordan como partes de una obra a representar; comprender que la escuela es el camerino donde los actores hacen antesala a la representación magistral del bienaventurado estudiante, místico intachable, joven poderoso y triunfante. Comprender, en fin, es triste y poner palabras a las ideas, riesgoso.
Asumir un ideal que no tenga que ver con le representación convierte a los diferentes en el blanco de los disparos "¿quién te crees tú para venir a perturbar nuestro azar mercantilista?" dicen los mexicanos insostenibles (es fácil imponerse, pero sostenerse es de unos cuantos). No viven, estos azarosos, en la integridad de una sola persona. El hombre integral, el hombre, dista mucho de la dicotomía, escritorio-calle, perdón-patada, oración-perversión. Desde el grito contundente y fantoche que surge de la falta de argumentos, hasta la memorización de los postulados aristotélicos se intenta conseguir la imposición del error, la ganancia del más gritón.
El problema es que no existen argumentos sensatos basados en la reflexión.
Si es necesario el pensamiento crítico, es necesario el crítico que lo aliente, sin embargo, a los primeros embates a lo establecido en las mentes de los que tienen a su cargo la responsabilidad crítica, la "razón" se vuelve una palabra sin contenido, manipulada y petulante, un escudo infalible de lo que debe ser. Así, ante el callejón sin salida, al que el ciego crítico ha llevado a los pequeños ciegos, no queda más que la imposición. Pero, en fin, "bendita la ceguera" dice el tuerto de estudios desde sus pretensiones de poder.
Parece que el azar y la confusión son elementos más poderosos (no para el desarrollo, por cierto) que el saber honesto en el que se reconocen las limitantes.
Si se considera que la escuela, esa gran casa autosuficiente, es un pequeño Estado, podemos decir que estamos frente a un sistema completamente anárquico, sin columnas arquitectónicas que permitan la construcción hacia arriba. Ante este sistema que lleva a la inevitable destrucción son necesarios, para vivir juntos, determinados principios humanos, más o menos compartidos, que establezcan una lógica elemental entre lo que se busca y lo que se encuentra.
Ciertamente no basta con nombrar las causas de un problema para que éste se resuelva; no basta con decir que la neurosis institucional encuentra su fuente en las injusticias para que diminuyan. Necesitamos que los culpables sean por lo menos evidenciados, que la rectitud dé prueba de su autoridad. Pero ¿de qué autoridad estamos hablando? ¿De aquella que castiga, juzga y descalifica? o ¿de aquella que enseña, educa, transmite un saber? Lastimosamente la descendencia sólo ha dado enanos a partir de padres gigantes.
El peligro ante los hechos es grave: los estudiantes buscan un déspota. No alguien que administre en la justa medida los recursos y las capacidades, sino alguien que acabe con el anarquismo, un extremo que elimine al otro, puesto que la determinación del déspota inspira más seguridad que la "libertad" destructora de los estudiantes.
El problema, como se ve, es uno sólo: el desinterés por el pensamiento, el no atreverse a poner en riesgo la estructura de la conformación científica del estudiante, y por tanto el no adentrarse, con plena conciencia de sí mismo, en la cotidianidad con base en la reflexión.
Hemos dicho que andamos con nuestro escudo impositivo de la nuestras carencias intelectuales y, me arriesgo, los estudiantes no piensan o no quieren, no comprenden o no quieren comprender, no se plantean cuestiones, sólo parecen querer respuestas y la espera de todos sigue oscilando entre los deseos irrazonables y la desilusión completa. Se ha pasado de la Historia grande a las historias, luego a las anécdotas; se está hoy en plenas fábulas, se ha pasado del sustantivo al adjetivo.
La imposición de lo que se cree saber, la dictadura, no es sólo Stalin a la cabeza de un país; son en cada aldea, en cada familia, en cada escuela, en cada módulo, en cada cubículo, muchos pequeños "stálines". Andar con la bandera de la sapiencia, del yo sí sé y tú no es olvidar la línea que separa la realidad de la ficción, entre lo real y lo inventado entre lo que no se sabe pero se inventa. Reflexionemos sobre el saber y la mentira, sobre la imposición y la tolerancia ¿sabes todo? y ¿de lo que sabes, lo sabes todo? Ésta es la cuestión.

Octavio Cano Silva


*Las frases en cursivas corresponden a citas textuales del libro de Ikram Antaki Manual del ciudadano contemporáneo.